domingo, 4 de agosto de 2024

Algo más que añadir

Si me dieras tan solo un segundo más para hablar contigo, es muy posible que tuviese algo que añadir. Y si al marcharte te detuvieras y girases una vez más la vista hacia atrás, recordaría otra cosa que debía contarte. Así sucesivamente, en un bucle infinito por el que nunca nos llegaríamos a despedir. Y aunque desaparezcas por completo, tarde o temprano vendrían a mi mente infinitas cosas que decirte, bajarían hasta mi garganta, pero ya no las dejaría salir. Callaría para siempre, las escribiría y las lanzaría al mar, con la fe ciega de que el agua las arrastrará hasta ti.

Y vaya donde vaya no encontraré el silencio, pues tu risa, tus llantos y tu voz compondrán la banda sonora que sonará de fondo. Da igual que reces porque siga con mi camino y te convierta en un mero recuerdo más, de nada servirá, aunque le vuelques a tus oraciones todo tu corazón. Una parte de mí siempre te estará esperando, y siempre tendré algo más que decir.

No me molestaré en luchar contra ello.

En el mejor de los casos, lo normalizaré, como si fuese una prótesis que me palpite cuando vaya a llover. Y recibiré con agrado esa sensación de dolor, esperando que la lluvia, capaz de conectar cielo y tierra, llegue también hasta ti para recordarte que siempre tendré algo más que decir.

sábado, 20 de julio de 2024

Alzar el puño

La última vez que te vi solo quería escapar de ti, ahora solo quiero escapar de esta realidad en la que me faltas. Diría que soy como el niño que no alcanza a entender que no puede tenerlo todo, pero en realidad solo soy el hombre que no quiere aceptarlo. O tal vez sí que quiero, solo que aún no estoy preparado ¿Qué diferencia hay?

En cualquier caso, es un estado en el que solo ves moverse el mundo, mientras lo observas congelado desde el mismo punto. El tiempo pasa delante de ti sin lograr alcanzarlo, y mientras lo persigues, temes que por el otro lado la misma vida te atropelle. Y todo ello, no sin culpa, pensando que lo estas haciendo mal, que lo podrías hacer mejor.

Da igual donde mires, da igual lo que hagas y da igual lo que busques. Estas ahí atrapado y no puedes huir, tampoco lo puedes cambiar y, por supuesto, tampoco te puedes culpar.

El único camino que queda es aguantar, confiar. Y ten por seguro que un día, dirigirás la mirada hacia tus manos y verás como los dedos se mueven fruto de tu propia voluntad. Aprovecharás y cerrarás un puño, con la furia que te ayudará a calmarte de nuevo. Y verás que el mundo se ha movida contigo, que no te ha dejado atrás. Y podrás alzar ese puño cerrado, para celebrar que tu lucha ha funcionado de nuevo.

domingo, 28 de enero de 2024

La carga de una decisión

 Hay quien dice que no hay nada peor que afrontar la pérdida, seguir adelante cuando tu mente y tu corazón permanecen atrás. Y estoy de acuerdo, pero matizaría esta afirmación. Porque esta carga puede ser aun mayor, cuando parte de tu propia decisión, porque crees que es lo correcto.

Es verdad que en ocasiones te puedes envalentonar, creer que estas afrontando aquello de lo que otras personas huyen. Y cuando piensas de más, llegas incluso a creerte que ofreces una suerte de revolución, que estas por encima de lo que otros no soportan, que eres un héroe estoico del que se podría hacer una película.

La cura de humildad llega de manera silenciosa, cuando menos te lo esperas. Y llega en forma de un objeto que te ves obligado a ocultar, de música que ya no puedes escuchar, de recuerdos que mientras mas bellos son, más duelen, o de planes que tienes que archivar hasta el fin de los tiempos. Estas cosas, e innumerables más dejan en tu corazón vacío inabordable, con el que no hay estoicismo ni resiliencia posible para sostenerle la mirada.

No sigues adelante por ser nadie especial, sino porque no hay otra opción. Solo lo soportas porque ya sabes que se pasará. No le pones voz más allá de estas líneas porque no sabes que lucha están teniendo los demás. Y no puedes culpar a nadie porque es tu decisión.

Hay cargas que vienen dadas y otras te echas tú mismo encima, porque crees que son necesarias. Negocias con la culpa y con la duda, aunque la factura acabará siendo la misma. Y solo puedes rezar por no haberte equivocado, respetar tu propia convicción y tener fe en ella, porque sientes que no hay alternativa.

Si has leído hasta aquí sabes que agradezco el apoyo, la compañía en estos días complicados. Y que no hay que preocuparse, porque me desahogo en los días malos, pero se que quedan muchos buenos por disfrutar. Porque elija la carga que elija, pesen lo que pesen mis decisiones, tengo la fortuna de estar rodeado de los que confían en que hago lo correcto. Y para mi eso vale más que estar acertado.

Gracias a quienes lo saben, por todo.

Siempre vuestro.